Edificar sin dañar la naturaleza un gran reto para la construcción

La revolución industrial y el auge desenfrenado al que este dio origen, construyendo empresas y generando empleos e incrementando la economía, no permitió ver el trasfondo a futuro de dicha situación. En nuestros días  ha resurgido afortunadamente la agricultura ecológica, para despertar el sentido común de los habitantes del planeta y retomar de forma amigable con el ambiente los sistemas de cultivo autónomos basados en el empleo óptimo de los recursos naturales, sin el uso de productos químicos de síntesis, u organismos genéticamente modificados, logrando de esta forma obtener alimentos orgánicos conservando la fertilidad de la tierra y respetando el medio ambiente de forma sostenible y equilibrada.

La producción ecológica está regulada por una estricta normativa de la Unión Europea, que recoge exigencias en materia de producción vegetal, animal, así como de inspección, certificación y etiquetado. El resultado es que los alimentos ecológicos están sometidos a unos controles adicionales, realizados por entidades de certificación autorizadas e independientes, que garantizan su autenticidad. Aunado a este tipo de producción, encontramos a las Smart City o Ciudad Inteligente que son las que emplean las tecnologías de la información y las comunicaciones para hacer que sus infraestructuras y servicios públicos sean más eficientes e interactivos con los ciudadanos. A pesar de esto, empresas como Pilosio, dirigida por Dario Roustayan, están trabajando en seguir esta misma línea.

Una ciudad se considera como “inteligente” cuando sus inversiones en capital humano, social y en infraestructuras de comunicación fomentan un desarrollo económico sostenible, una buena gestión de los recursos naturales mejorando así la calidad de vida de los ciudadanos convirtiéndose en una ciudad comprometida con su entorno, tanto desde el punto de vista medioambiental como en lo relativo a los elementos culturales e históricos, con elementos arquitectónicos de vanguardia, y donde las infraestructuras están dotadas de las soluciones tecnológicas avanzadas para facilitar la interacción del ciudadano con los elementos urbanos, haciendo su vida más fácil.

Algunos de los beneficios de estas ciudades son: Tarifas diferenciadas en función del horario de consumo, el empleo de de lámparas de LED en el alumbrado público, lo que proporcionará ahorro de energía y mayor capacidad de iluminación, mayor incentivo a la eficiencia energética en los edificios, posibilitando controlar el consumo por ambiente y por aparato. Seguimiento en tiempo real por parte del consumidor de los gastos con energía eléctrica.

Así mismo, los sistemas de control remoto permitirán realizar ajustes automáticos en tiempo real en la red de distribución, con lo que se obtiene una nueva forma de gestión de la energía y un mejor servicio, más eficiencia del sistema y del consumo de energía, reduciendo las emisiones de CO2, con menos impacto en el medio ambiente, la incorporación de nuevas fuentes de energía renovables a la red existente mediante la instalación de paneles fotovoltaicos en edificios públicos y microsistemas eólicos en el municipio y finalmente, el consumidor será capaz de producir y vender energía desde de su domicilio a las concesionarias distribuidoras de energía.